M DE MONSTRUO
Por no dar a la inicial otra acepción. No sé si soy yo el único que he apreciado este fenómeno. En cualquier caso, ya no, porque lo he comentado con algún amigo y me han confirmado que mi percepción es correcta. El problema es que se han unido al grupo de observadores que, si no se detiene la tendencia a tiempo, se transforma en un trastorno obsesivo compulsivo TOC. No se disfruta del panorama cuando se viaja en coche, igual se desatiende las normas de circulación mientras se fija la vista en las matrículas de los vehículos. Algo así como un juego que me enseño mi nieta, Pequeña Alicia, Alejandra para el resto del mundo, que se llama “coche amarillo”. Sus reglas son simples. Cada vez que se ve un coche de ese color, se dice en voz alta el nombre del juego y se propina un golpe, muy liviano, por cierto, al otro jugador. Por fortuna no hay muchos coches amarillos y en eso radica la originalidad de la diversión, apropiada para trayectos largos. Evidentemente, si se eligiese...