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Mostrando entradas de septiembre, 2024

M DE MONSTRUO

    Por no dar a la inicial otra acepción. No sé si soy yo el único que he apreciado este fenómeno. En cualquier caso, ya no, porque lo he comentado con algún amigo y me han confirmado que mi percepción es correcta. El problema es que se han unido al grupo de observadores que, si no se detiene la tendencia a tiempo, se transforma en un trastorno obsesivo compulsivo TOC. No se disfruta del panorama cuando se viaja en coche, igual se desatiende las normas de circulación mientras se fija la vista en las matrículas de los vehículos. Algo así como un juego que me enseño mi nieta, Pequeña Alicia, Alejandra para el resto del mundo, que se llama “coche amarillo”. Sus reglas son simples. Cada vez que se ve un coche de ese color, se dice en voz alta el nombre del juego y se propina un golpe, muy liviano, por cierto, al otro jugador. Por fortuna no hay muchos coches amarillos y en eso radica la originalidad de la diversión, apropiada para trayectos largos. Evidentemente, si se eligiese...

LA EMOCION DEL PRIMER DIA

Siempre he sostenido que soy un hombre especialmente afortunado. El pasado viernes 9 tuve otra experiencia que confirma mi aserto. Ese día, Pequeño Cristóbal había sido convocado a la conferencia inaugural de su primer curso de derecho en la Complutense. A las diez de la mañana para que durase hasta el mediodía, cuando comenzaba el fin de semana, último antes de involucrarse en los interminables estudios que le permitirían, en un que se vislumbraba lejano, denominarse graduado y, después de otros esfuerzos y sacrificios, llegar a ser abogado. Yo no pintaba nada allí pero, con el padre del alumno lo escoltamos a través de las algo complicadas vías de acceso. Mientras viajábamos en las líneas 4 y 6 de Metro de Madrid, todo iba bien pero cuando desembarcamos en la estación de Ciudad Universitaria se vio que nosotros, especialmente el mayor del grupo servidora de Ud., estábamos atrasando el ritmo de la algo larga caminata hasta la Facultad de Derecho. Así que fuimos, con nuestro forzado ...