UNA FORMA DIFERENTE DE MEDIR

El 19 de enero, hace nada, cumplí 29.000 días de vida. Cada día es mi “cumpledía” y lo celebro porque sostengo que la vida es una bendición, pero no siempre se baraja un número tan redondo. Fue una casualidad. Estaba sosteniendo una acalorada conversación con un buen amigo, preocupado como yo del transcurso del tiempo. No se consolaba el hombre con el artículo 7 bis de la Ley de Enjuiciamiento Civil que establece, como es sabido importantes beneficios a los que han alcanzado una venerable edad. Tampoco con el bono de transporte público que le hace dueño de los autobuses, metro, trenes de cercanía en toda la comunidad (pongamos que hablo de Madrid, don Joaquín dixit) que significa no sólo un importante ahorro sino también una invitación psicológica de no sacar el coche ni agotarse paseando. Nada, no había forma de llevar consuelo a mi contertulio. En broma le dije que a esas edades no se liga en las discotecas por muy arregladito que vayas y que ya no permite la relativa elasticidad que otorga la década anterior. Con eso se terminó de deprimir y la invocación del antiguo alcalde de Carmel, de doña Jeanne Calment que enterró al nudo propietario que esperaba al final con ansias consolidar su dominio mediante la extinción del usufructo vitalicio que no se produjo nunca. La perspectiva de emularla y vivir cuarenta y dos años más no le seducía. Prefería a Jeremy Button o a Dorian Grey. Al fin le propuse otra manera de expresar el tiempo transcurrido y le indiqué que yo calcularía mi propio período. Me lie contando y sumando, sin olvidar tomar en cuenta los veinte años bisiestos que había vivido y que en cómputo anual no tienen importancia, pero sí en un cómputo diario porque agregan un día cada uno como es lógico. Por una extraña circunstancia, el número que resultó era redondo. Pensé que me había equivocado y acudí a un motor de búsqueda conversacional cuya existencia me fue revelado en una reunión formativa que impartió en el seno del Consejo General de la Abogacía Española nada menos que el Decano de Palencia. Para mi sorpresa, aún sabía contar y sumar sin tener que recurrir a la Inteligencia Artificial porque el resultado fue bendecido por Perplexity.

A partir de ahora nos comprometimos mi amigo y yo a medir el paso del tiempo en días y olvidar los años ya que cumplido el trámite previsto en la ley rituaria y obtenido el documento nacional de identidad que es válido hasta el 1 de enero de 9999 y el bono antes aludido, la edad tiene una importancia relativa. La fecha de nacimiento, no. y cuando hay que consignarla en alguna página web que tiene prevista la relación de años produce una cierta preocupación porque parece que no se llega nunca, tantos son los que aparecen en la lista. Estaremos atentos a los treinta mil que ocurrirán dentro de nada, dos años y unos cuantos meses y después nos regocijaremos cada vez que transcurran mil días. Este período pasa volando y si no, pensemos en Ana Bolena cuyos encantos no duraron más que eso, pero el cisma aún perdura después de chequechentos días. A ella le debe haber sabido a poco el breve plazo del que dispuso, pero las sensaciones son otras cuando se trata de la guerra civil de primeros del siglo pasado en Colombia o, sin ir más lejos, la que está sufriendo Ucrania que, lamentablemente cumplió ese tiempo, pero sigue y sigue.

El considerar el día como unidad de medida es muy natural. El día es la única medida del tiempo que se percibe por cualquier paisano. Ni el segundo, ni el minuto, ni siquiera la hora se aprecian sin el auxilio de un reloj o cualquier otro aparato de medición. Tampoco la semana, ni el mes, ni el año. Mucho menos el siglo. Son todos nada más que convenciones, algunas defectuosas como la de Julio César. El día, con sus diferentes largos, es perfectamente apreciable ya que a la luz sucede la oscuridad y las puestas de sol, vistas u ocultas, se pueden contabilizar sin la ayuda de cosmógrafos o astrónomos.

Por curiosidad cuente Ud. sus días de vida y no haga como yo empleando papel y lápiz. Confíe el cálculo a cualquier plataforma haciendo la pregunta adecuada ¿Cuántos días han transcurrido desde…? Y, si me permite, le deseo que cumpla muchos días más.

                

                

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